El Régimen Simplificado de Confianza (RESICO) se volvió, desde su llegada, una de las opciones favoritas de personas físicas con actividad empresarial y profesional en México. La razón es simple: tasas de ISR bajas y una mecánica de pago sencilla. Pero “sencillo” no siempre es sinónimo de “lo que más te conviene”. En 2026 vale la pena revisarlo con calma.
Qué es RESICO, en una frase
Es un régimen pensado para contribuyentes con ingresos anuales que no rebasan cierto límite, que pagan ISR con tasas progresivas reducidas (de alrededor de 1% a 2.5% sobre ingresos efectivamente cobrados) y que cumplen con requisitos puntuales de facturación y declaración.
Los límites que debes vigilar
RESICO tiene topes de ingresos. Para personas físicas, el límite ronda los 3.5 millones de pesos anuales; si lo superas, sales del régimen. Para personas morales aplica un esquema distinto con su propio tope. La clave: no es solo cuánto facturas, sino cuánto cobras realmente en el año, y debes monitorearlo mes a mes para no llevarte una sorpresa.
Cuándo SÍ te conviene quedarte
- Tus ingresos están cómodamente por debajo del tope y no esperas un salto fuerte este año.
- La mayoría de tus clientes te paga con factura y en tiempo (RESICO premia el flujo cobrado).
- Tienes pocos gastos deducibles, así que las deducciones tradicionales no te ayudarían tanto.
Cuándo conviene revisar una salida
- Estás cerca del tope de ingresos o creciendo rápido: planear la transición evita salidas forzadas a media de año.
- Tienes muchos gastos deducibles (inventario, sueldos, renta): en otro régimen podrías deducirlos y bajar tu base.
- Trabajas con clientes que tardan en pagar o que no siempre piden factura.
El error más común
Quedarse en RESICO “porque paga poquito” sin correr los números. Hemos visto negocios que, por sus gastos reales, habrían pagado menos en otro régimen, o que rebasaron el tope sin darse cuenta y enfrentaron ajustes. La decisión correcta sale de comparar escenarios con tus cifras, no de la fama del régimen.
Qué hacer este 2026
Haz un corte a mitad de año: proyecta tus ingresos cobrados, suma tus gastos deducibles reales y compara cuánto pagarías en RESICO contra el régimen general. Con ese número en la mano, la decisión deja de ser una corazonada.
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